“El diablo en invierno”: cuando un libertino se redime y una tímida decide arder.
(Reseña personal, crítica y nostálgica de una de las joyas del romance histórico victoriano)
Hay libros que uno recuerda con cariño… y otros que regresan como una punzada de nostalgia. Esta mañana desperté con esa sensación y pensé en El diablo en invierno, el tercer libro de la saga Wallflowers de Lisa Kleypas, una autora que, para mí, sigue siendo una de las grandes maestras del romance histórico. Lo leí hace años, justo después de terminar la saga Bridgerton de Julia Quinn, convencida de que nada podría gustarme tanto. Y entonces llegaron ellas: Annabelle, Lillian, Daisy y Evangeline. Las wallflowers. Las “floreros”. Las chicas que nadie elegía… hasta que decidieron elegirse entre ellas.
Y hoy, al releer El diablo en invierno, confirmé algo: sí, era tan bueno como lo recordaba.
🌸 ¿Quiénes eran las Wallflowers?
(Contexto para quienes llegan nuevos al universo Kleypas)
En los salones londinenses, una wallflower era una joven que, por estética, reputación, familia, timidez o simple mala suerte, quedaba relegada a las paredes del salón. No bailaban. No eran cortejadas. No eran “elegibles”. Eran, literalmente, decoración social.
Lisa Kleypas tomó ese concepto y lo convirtió en una hermandad femenina preciosa: cuatro chicas que deciden apoyarse mutuamente para encontrar un buen matrimonio… o al menos una buena historia.
Y entre todas ellas, Evie Jenner siempre fue mi favorita.
Evie Jenner: la tímida que no era tan tímida
Desde el primer libro sabemos de Evie solo a través de los ojos de otros personajes:
tímida
retraída
tartamuda cuando se siente insegura
dulce, pero casi invisible
Pero El diablo en invierno nos revela algo más profundo: Evie no es débil, es contenida. Y cuando decide actuar, lo hace con una valentía que desarma.
En una sociedad victoriana que castigaba cualquier atisbo de independencia femenina, Evie toma una decisión radical: huir de su familia abusiva y pedirle matrimonio al hombre más peligroso, atractivo y arruinado de Londres.
Sí, a ese hombre.











